Llegué al retinol tarde y con prisa, que es la peor combinación posible. Tenía 53 años, una amiga me había hablado maravillas y compré la crema más potente que encontré. Diez días después tenía la cara roja, tirante y la piel se me descamaba alrededor de la nariz.
Lo dejé, claro. Y tardé casi un año en volver a intentarlo, esta vez con cabeza. Esto es lo que me habría gustado saber entonces.
Qué hace realmente el retinol
El retinol es un derivado de la vitamina A. Su trabajo es acelerar la renovación celular y estimular la producción de colágeno, que empieza a caer alrededor de los veinticinco y se desploma con la menopausia.
Es de los pocos activos cosméticos con décadas de estudios serios detrás. Eso no lo convierte en magia rápida: significa que, usado con constancia, hace lo que promete en textura, líneas finas y manchas.
Mis tres errores
Empezar todas las noches. La piel necesita acostumbrarse. Dos noches por semana durante el primer mes es un ritmo aburrido y sensato, y es el que evita el desastre.
Elegir la concentración más alta. Pensé que más porcentaje era mejor resultado. Lo único que conseguí fue irritación, y una piel irritada no mejora: se defiende.
Mezclarlo con todo. Aquella temporada usaba también un tónico exfoliante y un sérum de vitamina C, las tres cosas casi a la vez. Demasiado. Ahora el retinol va solo, en su noche, sin compañía.
Cómo lo uso ahora
Por la noche, sobre la piel limpia y completamente seca. Una cantidad como un guisante para toda la cara, evitando el contorno inmediato del ojo y las aletas de la nariz, que es donde más se irrita.
Los primeros meses usé el truco del sándwich: crema hidratante, retinol y crema hidratante otra vez. Amortigua bastante la irritación y te permite aguantar hasta que la piel se acostumbra.
Y al día siguiente, fotoprotector sin excusas. El retinol deja la piel más sensible a la radiación, así que saltárselo es tirar por la borda el trabajo de la noche anterior.
Cuándo se ven resultados
La textura fue lo primero, sobre las ocho semanas: la piel se notaba más lisa al tacto, sobre todo en las mejillas. Las manchas tardaron mucho más, casi medio año, y no se han ido del todo.
Si alguien te promete un cambio en dos semanas, te está vendiendo otra cosa.
Cómo saber que te estás pasando
La señal obvia es el escozor, pero hay otras más silenciosas: la piel tirante después de lavarte, unas escamas finas en las cejas o en el mentón, o un enrojecimiento que sigue ahí por la tarde.
Cuando aparece cualquiera de esas cosas, yo paro una semana entera y me quedo solo con limpiador suave, hidratante y protector solar. Volver un escalón atrás no retrasa los resultados; insistir sobre una piel dañada, sí.
Cuándo no usarlo
Durante el embarazo y la lactancia queda descartado. Tampoco es buena idea con un brote de dermatitis o de rosácea en marcha, después de un tratamiento agresivo reciente o si te espera un fin de semana entero al sol.
Y si tu piel es muy reactiva, hay alternativas. Los ésteres de retinol, como el retinil palmitato, son más flojos y más lentos, pero apenas molestan. El retinaldehído va justo en la otra dirección, es un paso más potente que el retinol, y aun así mucha gente lo tolera sorprendentemente bien.
Empezar por cualquiera de los dos no es rendirse: es empezar por donde toca.