El colágeno que pierde la piel con los años no desaparece solo por el calendario. Hay costumbres de lo más normales que aceleran esa pérdida un poco cada día. La buena noticia: casi todas tienen arreglo sin cambiar de vida.
1. El azúcar de cada día
El exceso de azúcar en sangre se engancha a las fibras de colágeno mediante un proceso llamado glicación y las vuelve rígidas y quebradizas. No hace falta eliminar el dulce de la vida, pero sí vigilar el azúcar «invisible»: refrescos, salsas preparadas, yogures de sabores. Ahí se esconde la mayor parte.
2. El sol sin protección, también en invierno
La radiación UVA activa las enzimas que degradan el colágeno, y lo hace todo el año, también a través de las nubes y del cristal de la oficina. Es, con diferencia, el factor que más colágeno destruye. El protector solar diario es la medida antienvejecimiento más rentable que existe.
3. Dormir poco (o mal)
Durante el sueño profundo la piel entra en modo reparación y fabrica colágeno nuevo. Las noches cortas repetidas recortan justo esa fase. Si el móvil en la cama te roba media hora cada noche, a final de año son muchas horas de «taller de reparación» perdidas.
4. El tabaco, aunque fumes poco
Fumar reduce el riego sanguíneo de la piel y multiplica las enzimas que descomponen el colágeno. Es el acelerador más agresivo de esta lista, y también el que más se nota al dejarlo: el tono y la textura de la piel mejoran en pocos meses.
5. Las dietas exprés
Perder peso muy deprisa priva a la piel de las proteínas que necesita para renovarse, y parte del colágeno se sacrifica por el camino. Si quieres perder peso, hazlo despacio y con suficiente proteína en el plato: la piel lo agradece tanto como la báscula.
¿Y reponer colágeno desde dentro?
Frenar las pérdidas es la mitad de la ecuación. La otra mitad, aportar los materiales de construcción, da para un artículo entero: en la redacción probamos durante 90 días un colágeno marino y documentamos todo el proceso, incluida la cifra clave que casi ningún fabricante publica.