Hay una foto de la boda de mi sobrino que me hizo replantearme la rutina entera. Salgo de perfil, riéndome, y la cara se me ve estupenda. El cuello, en cambio, parecía el de otra persona diez años mayor.
No fue agradable, pero sí útil. Llevaba veinte años parando la crema en la mandíbula, como si el cuerpo se acabara ahí.
Por qué esta zona envejece antes
La piel del cuello y del escote es bastante más fina que la de la cara y tiene menos glándulas sebáceas, así que se seca antes, y al ser tan fina se recupera peor de cualquier agresión.
Súmale que está en movimiento todo el día, que casi siempre va descubierta y que es la zona que más olvidamos al aplicar el protector solar. De ahí salen esas líneas horizontales y ese moteado rojizo del escote que aparecen antes que las arrugas de la cara.
Y hay un factor nuevo: las horas que pasamos mirando el móvil hacia abajo. En inglés lo llaman «tech neck». Etiqueta de marketing aparte, lo que hay debajo es real: flexión repetida de una piel muy fina, muchas veces al día.
Lo que he cambiado
Bajar siempre. Todo lo que me pongo en la cara continúa hasta el escote: hidratante, vitamina C, fotoprotector. No compro nada específico, uso lo mismo y en el mismo gesto, de abajo hacia arriba.
Fotoprotector también en invierno. Es la medida que más se nota a largo plazo. El escote, en concreto, acumula el sol de años de escotes en pico y vestidos de verano.
Retinol, pero con calma. Aquí la piel es más fina, así que voy con una noche por semana y siempre después de la hidratante. Si pica, se espacia.
Dormir boca arriba. Lo intento, con un éxito regular. Dormir de lado marca pliegues verticales en el escote y se nota al despertar.
Cantidad de verdad. Durante años estiraba el resto de crema que me quedaba en las manos. Ahora dosifico aparte para el cuello, más o menos lo mismo que para media cara, porque esta piel se queda corta de todo y perdona poco.
El detalle del móvil
No voy a decirte que dejes el teléfono, porque no lo haría ni yo. Pero subirlo a la altura de los ojos en lugar de doblar el cuello durante media hora seguida es gratis y te cambia la postura de bastantes horas al día.
Lo mismo con la almohada: una demasiado alta mantiene la barbilla pegada al pecho toda la noche. Bajar un dedo de altura fue de los cambios más fáciles que he hecho.
En qué no gasto
Las cremas específicas de cuello suelen llevar fórmulas muy parecidas a las faciales y costar lo mismo o más por menos cantidad. Si hay que elegir, prefiero una hidratante generosa que dure y usarla sin racanear.
De los rodillos y aparatos de masaje no espero nada más que un rato agradable. Circulan promesas de reafirmación que ningún aparato casero puede cumplir.
Lo que sí se nota
Después de dos años de constancia, las líneas horizontales siguen ahí: ni han desaparecido ni van a desaparecer. Lo que sí han cambiado son la textura, el tono y esa aspereza que tenía al tacto.
Y, sobre todo, he dejado de ver el cuello como una zona perdida. Es la que más agradece que te acuerdes de ella, aunque te acuerdes tarde.